domingo, 29 de agosto de 2010
El detective que se entregó
Buscó en el puñal antiguo la imagen del asesino. Al ver con discernimiento, entre los rojos, vio su propio rostro, que como no es propio, pues sabemos de ellos por los imperfectos espejos, se entregó presuroso y agitado a la policía. No había certeza que le dijera que él no había sido el asesino.
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