Me llamó la atención cuando empezó a leer la revista y vi que lo hacía a la inversa. De atrás para adelante como una rebeldía interna a no aceptar un modo tradicional como diciendo yo veo lo que ustedes no ven. Su color rojizo sobre sus cachetes era tenue pero visible desde la lejania, era como la noche tacita pero absoluta. Por mas que los rayos del sol estaban presentes yo pensé en la noche, en el jazz y también en los años que pasan, en los recuerdos y la transformación de las cosas. El tiempo todo lo destruye y transforma. Por suerte uno olvida facilmente o dificilmente pero efectivo es el olvido. La señora se levantó pesadamente y tomó su revista y salió por la puerta del bar sin decir adios a nadie ni siquiera miró a su alrededor. Yo me levanté despues que ella y la seguí algunos pasos por la calida tarde de la primavera. El olor se correspondía con la epoca del año pero a mi me daba lo mismo que fuese enero o julio asi sólo me diriji en la dirección de la señora, pensé que desde algún cercano punto de vista la vida era asi, como un seguir esto o lo otro pero siempre tras algo, es lo que nos mantenía deseando y con los ojos abiertos sin contar las malas noches que eran como las buenas pero al contrario, parte del mismo absoluto imposbile e inalcanzable. La vita e bella y siempre que se siga lo que se quiere se encontrará loq ue no se sigue. La sorpresa era hoy en esa tarde primaveral esa señora de blanca piel y rosados cachetes.
Al llegar a la plaza la señora empezó a recoger cosas del piso cesped y no alcancé a ver muy bien que recoguía pero al agacharse unos chicos que tomaban una coca cola le preguntaron que hacía
_Levanto las monedas que se caen
_Y por que señora
_Es que soy sola chicos, por eso. Además la tarde estuvo bastante concurrida y seguramente habra como cinco pesos en total. Me alcanza para el café y unos biscochos para la noche. Bueno hasta lueguito.
_Chau señora chau. (entre ellos comentaron sobre la señora siempre concluyendo que estaba loca por sola y sola por loca).
Yo miraba de lejos fumando miraba, me gustaba la combinatoria de fumar y mirar.
La señora siguió su camino y se adentró por las calles más desiertas como si buscara algo que ella sabía sería revelador, eso lo supe por su mirada como furtiva entre el desierto gris de calles atardeciendo. Siempre es de noche hasta cuando es de día pensé y la detuve a la señora tocándole el hombro con la mano. Se asustó tanto que ratifiqué mis ideas sobre la busqueda de la señora.
_Uuu me asusté mucho usté me agarró de sorpresa a esta hora por estas calles tan vacías
_Sabrá disculparme señora es que le quería preguntar si sabe donde queda la calle Constitución
_No joven sepa disculparme pero no lo sé, estoy perdida yo también.
(Si estuviese perdida pensé no caminaría por esas calles sino que hubiese seguido a la multitud además su mirada era de completa concentración y en su mapa vi algo que parecía como un mapa).
_Bueno entonces permítame acompañarla
_Deje joven prefiero andar sola.
Confirmado esta señora va en busca de un tesoro.
Me despedí di media vuelta, hice como si me iba para otro lado y la seguí un poco mas. El mar ya se escuchaba como un sonido sordo y abrumador.
La señora siguió caminando hasta la playa que ya desierta estaba porque las gentes no iban a las playas en la primavera porque trabajaban hasta tarde y despues ya refrescaba y no estab para andar por la playa con esa brisa que te resfria.
Se detuvo al lado de un tubo gigantesco medio oxidado. Lo miraba como si le trajese recuerdos con una mirada perdida, como para adentro. Se encendió un cigarrillo miró el mar. Miró el reloj. Sacó una por una las monedas que había juntado y las tiró al mar con fuerza, a esa edad la gente pierde fuerza pero esta señora las sacaba de sus recuerdos. Emprendió la caminata nuevamente, la sal le besó los pies, creo saber que sintió el frío como un letargo crespuscular, un manantial revelador, sus ojos se iluminaron el cielo oscureció sobre el último ocaso, su piel se erizó a la primera ola de frente, su pelos se mojó tanto que rejuveneció demasiado, se hizo como chica, comprendí yo que lo de leer al revés era lo mismo, sus ropas se las llevó otra ola de frente y le puso la cara a la tercera y fuerte ola, su imagen se achicaba mientras su rojizo color de cahcetes se perdía sobre el mar que se coloreaba como de noche se envebía de luna y besaba la vejez de la joven señora como si fuesen lo mismo. En un sordo burbujeo sus ojos se hundieron como reclamando un nuevo nacimiento.
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1 comentario:
Luis Almirante Brown
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