Era una noche para escuchar jazz. Para empezar a conocerlo desde su ausencia ya no se imaginaba mas nada. Asi puse Play y las primeras notas sonaron con estrepito sobre el aire que se tornó denso. El gato paseó y se posó bajo la lampara. Nada era más jazz que eso.
Ya no fumaba por lo que no pude coronar la imagen con el encendido de un cigarrillo, pero la imaginación me funcionaba a igual escala que cuando me encendia un cigarro y mirando la nada empezaba a navegar imaginariamente hacia el rumbo incierto, como cada vez que se emprende un viaje mental. No suceden ahí esos cambios radicales y almas nuevas, pero hay como un sacudón en el piso. Algo que se siente en la piel. Como piel de gallina o quizás hambre. Pero igualmente no fue la impresión sentida. Aquella noche estaba yo tranquilo, con los pies en la tierra, bien apoyados sobre el parquet. Ray Charles era ideal para el momento y de eso no cabía ninguna duda.
Fui a la heladera y fue ahí cuando comenzó todo. Cuando quice agarrar el pedazo de sandwich que me había guardado prudentemente a la tarde, ya no estaba. Alegué una posible falla de memoria. Esto encajó perfecto ya que hacía unos dias ya que venía pensando en la fragilidad de la mente humana y en que su magnificencia no era tal sino todo lo contrario eramos casi tan predecibles como en un patido de ajedrez el inicio de cada partida. Los caballos los alfiles y despues se verá.
Recostado sobre el sillon pensaba en las imágenes que trae el jazz. Todas tienen de atmósfera la noche. Ese es un fenómeno universal, una imagen absoluta que correspondía al pie de la letra. A eso vamos, a la univocidad de los sonidos con las imágenes. Ya llegará el día pensaba, aburrido, en que dejemos de lado los malentendidos para hablar con literalidad. Como cuando nunca me pasó. Pero llegará el día...
Cuando fui a la cama a acostarme ya no estaban las sábanas que había tendido esa mañana despues de despertarme. Prudentemente, recordaba, había colocado un juego de sábanas recien lavadas. Empecé a extrañarme de la situación, ya no podía atribuir a otra falla en la memoria porque esta vez la memoria me daba fundamentos concretos de que había tendido la cama. Me acordé que a la hora de tender las sabanas el gato fue a dar sobre el colchon donde se recostó plácidamente. Ahí no mas lo agarre y le di un puntapie que lo mande a dormir a otro lado. También me acordaba de que había seleccionado primero un juego para descartarlo después y seleccionar el recién lavado. Asi es la memoria de arbitraria: recordaremos lo que ella desea. Si me acordaba con tanto detalle mi memoria no fallaba, o algo que atañe a las distorciones de las dimenciones espacio tiempo ocurria en ese mismo instante en mi departamento de la calle sarmiento o había comenzado la locura a hacerse dentro de mi cabeza un lugar para habitar.
Fui al baño a mojarme la cara para despavilarme, quizá el contacto con la fría temperatura del agua en estos días de invierno me reanime y pueda acordarme de algo que me asegure mi estado normal. Al abrir la puerta esta rechinó y una voz me dijo:
_Apagá la luz no ves que me estoy echando una siestita, quiero dormir por favor
_Pero quien sos, que haces aca?
_Ya te dije: tratando de dormir un poco estuve toda la noche ocupado buscando algo para comer y recolectando sabanas. Hace frío vite.
Apagué la luz y cerre la puerta. Puse Play y me preparé a que el jazz me dé otra sorpresa.
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2 comentarios:
Te cabe la merluza?
ajaj q bueno che te felicito lears me encantan tus relatos. El jazz es muy misteriosooo, pero el swing es mejor!! ajaj
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